lunes, 18 de junio de 2007

De la maldición a la eternidad

Cuando maldicen tu nombre, cuando te invocan para escupirte, durante centanas de años. Que hermoso es cuando tu mismo eres sinónimo de perdición, de una perdición poética. ¿A cuento de qué? Bueno este e sun fragmento de la excomunión de Spinoza, la fecha en que fue dictada 27 de julio de 1656, en Amsterdam.

Y sí, maldito sea, maldito sea, para que todos sepan que Spinoza es una enfermedad, es un ateo pernicioso, para que sepan de mi amor a los condenados; para que sigamos hablando de él.


Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch de Espinoza con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad, delante de estos libros de la Ley, que contienen trescientos trece preceptos; la excomunión que Josué lanzó sobre Jericó, la maldición que Elías profirió contra los niños y todas las maldiciones escritas en el libro de la ley; maldito sea de día y maldito sea de noche, maldito al acostarse y maldito al levantarse, maldito sea al entrar y al salir; no quiera el Altísimo perdonarle, hasta que su furor y su celo abracen a este hombre; lance sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de esta Ley, borre su nombre de bajo los cielos y sepárelo, para su desgracia de todas las tribus de Israel, con todas las maldiciones del firmamento, escritas en el Libro de la Ley..., advirtiendo que nadie puede hablarle oralmente ni por escrito, ni hacerle ningún favor ni estar con él bajo el mismo techo ni a menos de cuatro codos de él, ni leer papel hecho o escrito por él”.

No hay comentarios.: