miércoles, 26 de septiembre de 2007

Manifiesto.para la muerte de Marcello




Let us not pretend to doubt in philosophy what we do not doubt in our hearts.

Charles S. Peirce



Esto no es un acto ideológico, no es tampoco una queja, es un manifiesto. Lo bello de los manifiestos es que es divulgación que no es regla, no es un plan y tampoco pretende ser un fin en sí mismo. Este es el mío, si sirve que sea usado de no ser así que sea reformulado, cambiado o ignorado.
Ancora Marcello. Comienza La ciudad de las mujeres, sí todavía se te reza Marcello, todavía se reproducen hombres, mujeres y niños como tu, que olvidaron, que ignoraron y que fueron incapaces de sentir amor. Es sufiente, ¡Muere Marcello! para que no ya no aparezcas en las películas de Fellini, muere porque no hay mujer absoluta, muere por patético, por débil. De Marcello a la humanidad, a todos aquellos que creyeron en Platón, en las idealidades, en los absolutos, y no en la carne perenne, en el trabajo, en la materia, en el impulso vital que no puedo sino ser amor.
A todos aquellos que han guardado algo en su corazón, aquellos que decidieron vivir una vida con ejemplos e instructivos, aquellos que vivieron con el deseo como si este fuera carencia, insuficiencia y no exceso, no se topen en mi camino, mi crueldad no tiene límite, y aquel que carece de algo, comienza con una pequeñez para luego carecer de todo, inclusive de sí mismo. Que no se malentiendan las cosas no soy intolerante-bonita palabra burguesa- no es moral, es ético, es ruptura, ruptura total con todo eso, porque me enferma, me enferma la insuficiencia, el no-poder. Cuerpo-alma, juntos, inseparables, sin jerarquía -aún en esto tenemos que evitar los mandos- poder, poder a la unidad que todo lo crea, que todo ve nacer. Nada de idealidades, de caballos negros y blancos, ¡Queremos peces y cerdos epicúreos! No hay culpa, no hay castigo, no hay nada donde se busca demasiado y no se actúa.
Escupo sobre ustedes no por ser hombres o mujeres sino por su profesión de gusanos, de carroña que se alimenta de los desperdicios de otros. Fans, ideólogos sin razones ¡Pobres de ustedes sino tienen más que su fe ciega y esclavizante! Sí, se abre un precipio, sólo salvable por los otros, mi puedo, se topa con los otros, pero no con aquellos que hacen de mi vida un infierno, sino aquellos por los que mi vida se constituye en un significante, que siempre me excede, pero que ellos me muestran no como acusación sino como cariño, como mimo. ¿Soledad o aprendizaje?A mi se adhieren todas las personas que amo, las llevo, las cargo conmigo como la piedra de Sísifo, absurda, no necesaria, pero querida, retenida. Por mi las personas no caen en cascadas y se pierden en la nada, ¡No! que mi memoria sirva de algo, aún para recordar que he olvidado.
Y todo tiene un precio, asi que sí el destino es arder como sucede con todo, que mi cuerpo arda en mis excesos y no en mi pobreza, que yo me haya conocido-por lo otros, con los otros, por mi- y no ignorado.
Así que adiós Marcello, adiós Fellini, adiós Platón, adiós Freud, ustedes se van, su reino ha durado ya dos milenios. Tenemos nuevos amigos Epicúreo, Spinoza, Pasolini, Greenaway, Masoch, Girondo y con ellos siempre es fiesta entre iguales...

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