jueves, 13 de septiembre de 2007

Ganas de...

De salir a gritar, pero la voz no sale;
de ir tras de ti, pero en mi puerta comienza el mar;
de poner una piedra en el acelerador, pero no tengo auto;
de extinguirme en mis deseos, de acabarme en ti;

Repetí tres veces, para ver si algo cambiaba pero el agua entra por mi puerta, no tengo coche y tu no estas. Así que grito en medio de la nada para no ser escuchada, para no ser vista. Abro una caja de cerillos y, uno a uno, me los comienzo a comer, cerillos azules, cerillos que saben mal.
Pero el agua comienza a entrar a la casa, y cuando me toca comienza a hervir, yo quiero irme con ese vapor, quiero ser vapor de mi alma. Los cerillos casi se terminan, así que me voy a la cama, con una esperanza: que por la noche mientras duermo y me acuerdo de ti mi cuerpo se incendie, mi alma, mi cama, que todo se queme. Asi, mañana podré vestir mi cuerpo nuevo, aquel de ojos en cada omóplato, libre de aburrimiento y de esqueletos que saben que han sido usados.

¿Si mañana no sucede? Me quedan algunas cajas de cerillos, mi cuerpo se hace cada día más joven y mi alma cada vez más vieja, así con eso me siento a esperar-te.

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